Semana 57/ 104 Enero de 2013
Directora
Alba Hoyos Botero
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Colaboradora Estudiantil
Antonia Posada Sánchez
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EDITORIAL: EL OSCURO LABERINTO DE VENEZUELA
El Tiempo.com | Por: Editorial | 10- Enero - 2013
http://www.eltiempo.com/opinion/editoriales/el-oscuro-laberinto-de-venezuela-editorial-el-tiempo_12505295-4
Sin una democracia vigorosa y unas
instituciones fuertes, Venezuela no podrá salir de esta encrucijada, pero los
pasos recientes han sido en el sentido contrario.
Venezuela
vive hoy una grave situación, no obstante sus visos rocambolescos,
tragicómicos, que por momentos matizan un panorama ciertamente preocupante.
Ayer se cumplió la fecha que
debería forzar una salida del laberinto surgido ante la coincidencia del
agravamiento de la enfermedad de Hugo Chávez con el final de su período
presidencial. Pero no fue así. En un ejercicio de creativa hermenéutica
constitucional, el Tribunal Supremo de Justicia invocó el principio de la
continuidad administrativa para determinar que la toma de posesión de un
presidente que ha sido reelegido es un trámite menor, que puede tener lugar en
cualquier momento.
El
problema es que la total incertidumbre sobre el estado actual del mandatario
hace que no exista certeza sobre cuándo ocurrirá y la providencia tampoco fija
un plazo. Sí es clara la sentencia, en cambio, cuando afirma que no hay méritos
ni para convocar a una junta médica que evalúe su estado, ni para declarar una
falta temporal o absoluta, escenarios previstos por la Carta Magna.
Así,
dicho tribunal, en la órbita del chavismo, al igual que la Asamblea Nacional,
legitimó el actual limbo, que, para muchos, rompe con el hilo constitucional al
avalar la permanencia en el poder de una agrupación política, mas no
necesariamente de quien resultó ganador en las urnas.
Este
proceder fue refrendado ayer en un multitudinario acto de posesión simbólica,
en el que, llevando al extremo aquel principio según el cual la soberanía
radica en el pueblo, este último, en efecto, sustituyó al protagonista de la
historia. Un cuadro que, por momentos, bordea el realismo mágico.
Pero
ya quisiéramos que todo quedara en lo anecdótico, algo que no es posible en
tanto la realidad muestra un trasfondo alarmante para millones de venezolanos
en el umbral de días difíciles. Como ya se anotó desde estos renglones, son
muchos los ingredientes que en cualquier momento pueden sumarse y desatar una
grave crisis. Ahí está el elevadísimo déficit fiscal -entre el 17 y el 20 por
ciento de su Producto Interno Bruto-, el deterioro de la infraestructura
petrolera, sensiblemente afectada tras el incendio de la refinería Amuay y
necesitada de renovación, un dólar en el mercado paralelo a un precio cuatro
veces por encima de la tasa oficial y la inflación más alta de América Latina.
Muchos ven inevitable la devaluación del bolívar y un aumento de los precios de
la gasolina (parte de ella, importada), decisiones que podrían caldear los
ánimos.
Este
complejo horizonte no puede afrontarlo el país vecino con su actual fragilidad
institucional, en la que la oposición ha sido relegada, como quedó demostrado
en la reciente elección de la junta directiva de la Asamblea Nacional. A la
falta de diálogo político, que lleve a la unidad que requieren las naciones en
tiempos de dificultad, se suma el mar de interrogantes sobre los efectos
prácticos del estado de cosas actual. "¿Quién va a firmar los empréstitos?
¿Los tratados? ¿Quién llevará las relaciones del Estado?", se preguntaba
ayer en este diario la exmagistrada del TSJ Cecilia Sosa.
El
pueblo venezolano no merece esta suerte. Su bienestar es mucho más importante que
cualquier pugna política. Los funcionarios, por más potente que sea su aura,
serán siempre aves de paso, al contrario de las instituciones, que deben
prevalecer para nada menos que salvaguardar el bien común. El reto hoy es
defenderlas. El país vecino necesita recuperar la estabilidad, la buena salud
de su economía. La comunidad internacional, que ha flotado entre el respaldo
explícito y tácito, debería saber esto y evaluar si por la estabilidad regional
no está pagando un precio demasiado alto.
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